Horario Parroquial

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Domingo 6° de Pascua

 

Este domingo voy a tomar la segunda lectura como punto de partida para esta reflexión.  El evangelio nos ayudará a ampliar la exhortación de san Pedro.  Estos dos pasajes nos ayudan a entender aspectos importantes de la vida cristiana para que los adoptemos como forma de nuestra conducta.  San Pedro comienza diciendo: Veneren en sus corazones a Cristo.  Fijémonos que no dice “veneren a Cristo desde lo profundo del corazón” como si nuestra veneración naciera desde lo más profundo de nosotros mismos hacia Cristo que estaría en el cielo.  Lo que san Pedro enseña es que debemos venerar y adorar a Cristo que está en nuestros corazones, es decir, en nuestro interior.  Cristo nos habita por dentro. 

Domingo 5° de Pascua

Acabamos de escuchar una exhortación que Jesús dirige a sus discípulos antes de morir.  Es su discurso de despedida.  Son sus últimas recomendaciones, que en el evangelio según san Juan se extienden por tres capítulos.  El pasaje es la primera parte del capítulo 14 del evangelio según san Juan; el próximo domingo escucharemos la lectura de la segunda parte de este capítulo.  Jesús invita a sus discípulos a mantenerse tranquilos, serenos ante su muerte que está por ocurrir.  Los invita a la fe, a la confianza en Dios y en él.  Habla de su muerte en términos nuevos.  No se trata de la separación final y definitiva, sino de una ausencia breve para preparar una convivencia más firme y duradera.  Por lo tanto, también la vida y la muerte de los discípulos cambiarán de significado.  En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones.  Voy a prepararles un lugar.  La convivencia que los discípulos han tenido con él se prolongue de modo nuevo, en la casa del Padre.  Cuando me vaya y les prepare un sitio volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes.  Esta fue y sigue siendo una buena noticia para la humanidad.

Domingo 4° de Pascua

Este cuarto domingo de pascua se conoce con el nombre de “Domingo del Buen Pastor”.  Pero si nos atenemos al pasaje del evangelio que hemos escuchado hoy, más bien deberíamos llamarlo “Domingo de la Puerta”.  En efecto, en el capítulo 10 del evangelio según san Juan, Jesús desarrolla una amplia enseñanza.  Nosotros hemos escuchado hoy solamente el comienzo de esa enseñanza en el pasaje del evangelio.  Jesús cuenta una parábola, en la que explica que los verdaderos pastores del rebaño entran a buscar sus ovejas por la puerta del corral, mientras que los ladrones saltan la barda por donde nadie los ve.  Una vez dentro del corral, el pastor llama por su nombre a las suyas, y las saca por esa misma puerta para llevarlas a pastos que las alimenten y les den vida.  Entonces por dos veces Jesús se designa a sí mismo como la puerta: Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas.  Más adelante en esta misma enseñanza Jesús se designará como el buen pastor, y otros años leeremos esos pasajes, de donde le viene el nombre a este domingo.  Pero en este pasaje de hoy, Jesús se designa a sí mismo como puerta.  Así que vamos a reflexionar sobre esta imagen de la puerta para que entre el pastor y para que salgan las ovejas.

Domingo 3° de Pascua

Bien saben ustedes que de su estéril manera de vivir, heredada de sus padres, los ha rescatado Dios, no con bienes efímeros, como el oro o la planta, sino con la sangre preciosa de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha.  Estas son palabras que se encuentran en la segunda lectura que hemos escuchado hoy.  Con ellas, san Pedro exhorta y anima a los cristianos a quienes escribe para que vivan rectamente, según la voluntad de Dios conocida en las Sagradas Escrituras. 

Domingo 2° de Pascua

La misericordia del Señor es eterna.  Ese ha sido el tema de nuestro canto en el salmo responsorial.  Ya desde antes de Cristo el rasgo distintivo del Dios de Israel era su misericordia, su bondad, su compasión.  Una misericordia que a veces adoptaba la forma de la ira para corregir al que torcía el camino, para resistir al soberbio.  Pero una misericordia que miraba hacia adelante para dar esperanza al abatido, para prometer futuro al agobiado, para sostener en las pruebas al atribulado. 

 
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