Horario Parroquial

Misas

Lunes a Sábado:
8: 00 am y 6:30 pm

Domingos y Festivos:

8:00 am, 9:30 am,
11:00 am y 12:30

6:30 pm, 8:00 pm

Confesiones

Lunes, Miércoles, Viernes:
7:45 am - 8: 15 am

Martes, Sábado:
6:00 pm - 6:30 pm

Oficina

Lunes a Viernes

8:30 am - 12:00 m

2:30 pm - 5:00 pm

Adoración al Santísimo

Lunes - Viernes:

7:00 am - 6:00 pm

Domingo 11° Ordinario

Acabamos de escuchar en la lectura del evangelio dos parábolas de Jesús acerca del reino de Dios. La primera, la de la semilla que crece por sí sola, es propia de san Marcos. Solo él nos la transmite. La otra parábola, la del grano de mostaza la conocemos también a través de los evangelios de san Mateo y de san Lucas.

Domingo 10° Ordinario

Después de las solemnidades de Pentecostés, Santísima Trinidad y Cuerpo y Sangre de Cristo, vuelven los domingos ordinarios en los que celebramos a Cristo y su obra redentora a nuestro favor.

Solemnidad del Cuerpo y de la Sangre de Cristo

La solemnidad de este día es peculiar. Normalmente las fiestas litúrgicas de la Iglesia conmemoran uno de los acontecimientos de la vida de Jesús y de la obra de Dios para nuestra salvación. Este día es diferente. En este día conmemoramos un sacramento. Es decir, que damos gracias a Dios por uno de los medios que él dejó para comunicarnos la salvación, para rememorar su pasión muerte y resurrección. Fijémonos que no tenemos un día para dar gracias a Dios por el sacramento del bautismo o de la confirmación, no hay un día para conmemorar el sacramento de la penitencia o de la unción de enfermos, del orden sacerdotal o del matrimonio. Pero en este día celebramos el sacramento de la eucaristía, el sacramento del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Esta peculiaridad nos indica la singularidad de este sacramento.


Solemnidad de la Santísima Trinidad

En las fiestas de la Navidad y de la Pascua conmemoramos las obras de Dios en nuestro favor, las maravillas de Dios para nuestra salvación. En la solemnidad de la Santísima Trinidad celebramos a Dios en sí mismo, nos alegramos de que Dios sea como es.

Solemnidad de Pentecostés

El Espíritu Santo es el don de Jesús Resucitado a sus discípulos. La comunicación del Espíritu Santo de Jesús a sus discípulos es el modo como él comparte con nosotros la vida resucitada. O dicho de modo negativo, si Jesús Resucitado no hubiera comunicado a los discípulos su Espíritu Santo, la salvación sería solo en beneficio de Jesús, solo él habría resucitado, pero nosotros habríamos quedado en nuestros pecados y cautivos de la muerte. En cambio, al comunicar a los discípulos el Espíritu Santo, Jesús nos comunica la vida divina, la victoria sobre el pecado y sobre la muerte. El don del Espíritu Santo es el inicio de nuestra propia resurrección. Por eso, cuando celebramos la Pascua, celebramos no solo la resurrección de Jesús, sino también la nuestra con él.

El evangelio según san Juan da testimonio de cómo Jesús anunció, de muchas maneras, que después de su resurrección los discípulos de entonces y de ahora recibiríamos el don del Espíritu Santo que realiza en nosotros la salvación de la muerte que él, Jesús, ganó para sí y para nosotros a través de su resurrección. Por eso la fiesta de Pentecostés es, no solo el término y final del tiempo pascual, sino también el culmen y meta de la Pascua.

 
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